Friday, October 20, 2006
Las ranas bailan
Clase de japonés a las cinco de la tarde. Llegué algo tarde y, cuando abrí la puerta del aula, Miyuki me saludó mientras repasaba el tema de la primera lección. Cuando acabó, se acercó a mí y me dio una tarjeta con mi nombre escrito en castellano y en japonés. Me la puse en la solapa y saqué una hoja. Levanté la cabeza para ver quién había en clase. Dos eslovenas y dos polacas de la residencia, una trabajadora del teatro de la ciudad, un montón de gente que no conocía y una alumna que, como luego confirmé, era española. Marga es de Salamanca y el año pasado estuvo en nuestra ciudad de Erasmus. Este año, está aquí dando clases de castellano en la universidad tecnológica de la ciudad.
El japonés tiene dos alfabetos; uno para los japoneses y otro, mucho más sencillo, para los que quieren aprender el idioma. Estuvimos repitiendo los fonemas y, de una forma bastante torpe, comenzamos a presentarnos. Miyuki nos había preparado unos apuntes con las frases escritas en japonés (con su sonido), inglés y en perfecto lituano lituano. Ella lo hace de forma voluntaria porque quiere aprender a hablar en público. En privado, me dice que se pone nerviosa, pero no se le nota nada. Al final, nos entregó una canción japonesa que cuenta cómo es el sonido que hacen las ranas. Y, no, no hacen “crua, crua”. Hacen “gura, gura”.
El japonés tiene dos alfabetos; uno para los japoneses y otro, mucho más sencillo, para los que quieren aprender el idioma. Estuvimos repitiendo los fonemas y, de una forma bastante torpe, comenzamos a presentarnos. Miyuki nos había preparado unos apuntes con las frases escritas en japonés (con su sonido), inglés y en perfecto lituano lituano. Ella lo hace de forma voluntaria porque quiere aprender a hablar en público. En privado, me dice que se pone nerviosa, pero no se le nota nada. Al final, nos entregó una canción japonesa que cuenta cómo es el sonido que hacen las ranas. Y, no, no hacen “crua, crua”. Hacen “gura, gura”.
